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Comparar el pasado con el presente suele ser un procedimiento de todas aquellas personas que no se sienten comodas con el presente y creen que todo lo que sucedio hace años, solo por haber sucedio hace años, tiene mas valor, o es mejor.
Esto, por supuesto, es una paradoja porque, probablemente, en diez años esa persona que hoy se queja del 2010 comience a ver el 2020 como un mal año y diga, con nostalgia, a todos aquellos que lo escuchen: hace una decada estabamos mejor.
Lo innegable es que si se hiciera una encuesta entre personas mayores de, al menos, treinta años, para saber a que epoca de su vida le gustaria volver un ochenta por ciento de ellos diria que a sus vacaciones de verano, la epoca en la cual se reunia con sus amigos, compañeros de escuela y primos para pasarse las tardes al aire libre, ese aire libre que la escuela, en su afan de educarlo, le habia quitado.
Tardes de sol, tardes de calor, tardes hermosas para ser un niño y poder divertirse con las cosas simples de la vida; simples pero significativas. Lo mejor, sin duda, era, cuando ya cansados de tanto correr, los niños se reunian en el jardin para comer las naranjas que los abuelos le regalaban de sus huertos.
Por paradojico que parezca en esta epoca de frutas sin sabor a nada, es posible recuperar el gusto de esas enormes y naturales naranjas que los ancianos cultivaban en su propia tierra gracias a un grupo de agricultores jovenes que han decidido usar metodos tradicionales para que las naranjas de Valencia sepan realmente a naranjas de Valencia.
Naranjas que nada tienen que ver con las que hoy por hoy se comercializan en los mercados a precios astronomicos, hinchadas en base a fertilizantes que las hacen más grande pero, al mismo tiempo, le quitan todo sabor, dejandolas convertidas en algo vacio de sentido y contenido.
Para saber más al respecto solo visite la pagina web de estos agricultores y se sorprendera de todo lo bueno que tienen para ofrecerle (no solo naranjas).
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